Asociación Profesional Española Alumnos del Dr. Alfred Tomatis

"Somos todo oído"

Marie Borrell entrevista al Dr. A. Tomatis. Revista Psicologías. Dic. 1991.
Traducción: Juan Antonio Timor (ver en PDF)-
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Desde hace 40 años, el Dr. Alfred Tomatis viaja por los recovecos de nuestros apéndices auditivos. Para él, en las concavidades del oído es donde el hombre debe buscar la fuente de su equilibrio. A lo largo de esta entrevista, le hemos prestado nuestro oído más atento.

Psicologías: Ha escrito sobre el embarazo y el autismo, los vértigos y la música, la dislexiia y el aprendizaje de lenguas extranjeras... En el centro de todos sus trabajos: el oído.¡Realmente, es tan sumamente importante!

Dr. Tomatis: El oído merece más atención de la que se le concede en la actualidad. jNo es solo un órgano hecho para producir otitis! Detrás de este pequeño apéndice, está nada menos que el cerebro. El oído aparece antes incluso que el sistema nervioso. A lo largo de la evolución, el oído ha progresado a saltos y el cerebro ha seguido este movimiento. El oído tiene dos funciones. En primer lugar, da energía al cerebro. Es una dinamo. Y es así para todos los seres vivos, desde el pez al hombre. En segundo lugar, nos permite situarnos en el espacio. Gracias a él, podemos erguirnos, subir, bajar, pasearnos... Cuanto mayor movilidad tenemos, mas se perfecciona el oído.

P: ¿Se verifica siempre esta evolución paralela del oído y el cerebro?

Dr.T: Más o menos. Existen animales como la serpiente, dotados de un cerebro considerable, pero prácticamente sordos. Y a la inversa, los murciélagos tienen un oído finísimo a pesar de tener un pequeño cerebro. Pero son excepciones. Al perfeccionarse el oído se dota de órganos suplementarios:

El vestíbulo, el sáculo, la cóclea. Son ellos los que garantizan al hombre la verticalidad. Pero lo más importante, es que el oído nos permite escuchar. Los animales oyen. Los mamíferos, de cuando en cuando, escuchan durante breves momentos. Para ser capaz de escuchar el hombre tuvo necesidad de que su cerebro aumentase de manera fabulosa. Yo creo que el hombre está hecho para escuchar.

P: ¿Cuál es la diferencia entre escuchar y oír?

Dr.T: Oír es un fenómeno pasivo. El sonido nos inunda. Pero hay que asumirse para escuchar, es un acto voluntario que determina inmediatamente la verticalidad y desencadena la comunicación. Las ascesis tradicionales lo repetían sin cesar "jEscucha!" Sin duda porque las gentes no lo hacían. Las tradiciones dicen con frecuencia lo mismo: "Escucha y verás". Fórmula difícil de comprender para nosotros, pues vivimos en un mundo visual continuador de la filosofía griega y latina. Nos ocupamos mucho de niños autistas, que tienen oídos fenomenales, pero que no ven nada, puesto que no escuchan nada.

P: ¿De dónde viene la importancia del oído?

Dr.T: Este órgano tiene más influencia de lo que se piensa. El vestíbulo, que es la parte más arcaica, inerva absolutamente todos los músculos del cuerpo. Todos nuestros gestos surgen del vestíbulo. A lo largo de su evolución, el oído se ha dotado del órgano de Corti que contiene células provistas de un cilio, como los protozoos. Cuando estas células se atrofian, el cilio del que están equipadas se vuelve más importante, y da nacimiento al pelo. El pelo es una vocación cutánea del oído. Al contrario, cuando la célula de Corti pierde su cilio para desarrollar su cuerpo, se organiza para dar nacimiento a todos los órganos sensibles de la piel. Casi se puede decir que el hombre es un oído en su totalidad. No sólo nos comunicamos con el oído, también lo hacemos con el cuerpo. Hablar a otro, es interpretar con nuestro cuerpo y con el cuerpo del otro. Quien no tiene miedo de su cuerpo puede hacerlo vibrar cuando habla y sentirlo en su interior. Es a la vez una manera de conocerse mejor y de comunicarse mejor. De la misma forma, se puede aprender a hacer vibrar el cuerpo desde el interior para no tener más miedo.

P: Se iensa ensetiuida en los cantos sacros: el canto tiretioriano, el "OM" de los tibetanos...

Dr.T: ¡Qué bien lo conocían los antiguos! Cantaban para recargar el cerebro, y para tener el control del cuerpo, que lo sustenta.

Desgraciadamente, los escuchantes son aún un número extremadamente reducido. Pero creo que el hombre está en camino de ser escuchante.

P: Para usted, ¿cuál es la próxima etapa evolutiva?

Dr.T: Es una progresión inevitable. Los grandes escuchantes son aquellos que escuchan al otro. ¡Ahí es nada! Nos enfrentaríamos con menos problemas sociales si cada cual supiera escuchar al otro. Vivimos en un mundo de malos escuchantes, de diálogo de sordos. Pero eso no es todo. Los buenos escuchantes saben también escuchar su propio cuerpo. El tímpano está inervado por los nervios parasimpáticos. Si sabemos escuchar desde el interior, sabremos como está nuestro corazón, nuestra respiración, nuestra digestión. Todas las somatizaciones se hacen a lo largo de estos dos nervios. ¡Ahí está la patología psicosomática! Saber escuchar nuestro cuerpo, evitaría sin duda numerosas patologías.

P: Pero cuando hablamos de escuchar nuestro cuerpo, no nos imaginamos que el oído participa en esa escucha. Pensamos más bien en tomar conciencia del propio cuerpo.

Dr.T: Al hablar de toma de conciencia, tocamos el último nivel de la escucha. Porque quien sabe escuchar va más allá de todo aquello de lo que acabamos de hablar. Llega incluso a escuchar el Universo. La escucha se transforma en una facultad del más alto nivel. Es el contacto con la conciencia.

P: ¿Que entiende usted por conciencia?

Dr.T: Nuestro ego es tal que querríamos tomar conciencia. ¡Pues, no! Es la conciencia la que nos toma, la que nos inunda. Estamos rodeados por ella, y nos pasamos el tiempo rechazándola. Si tenemos el oído completamente abierto, se puede entablar un diálogo con el Universo. Es él el único que habla. Nosotros no hacemos sino transcribir, a través de un transmisor, llamado cerebro, lo que el Universo ha querido expresar. ¡Somos unos transcriptores de muy bajo rendimiento!

P: ¿Cómo aprender a escuchar?

Dr.T: Primero es necesario despertar el oído. Para ello, utilizamos los sonidos filtrados y el Oído Electrónico. Los sonidos filtrados son sonidos sin memoria, sonidos que no podemos asociar a recuerdos. Por esta razón son filtrados de manera que el sujeto los escucha como lo hacía "in utero". Con los niños, se utiliza la voz de la madre cuando es posible. En los otros casos, es sobre todo, música de Mozart. Pero además es necesario que los sonidos penetren verdaderamente hasta nuestro cerebro. Para ello recurrimos al Oído Electrónico. Es un aparato que permite recibir el sonido exactamente como debería hacerlo un oído humano que funcionase perfectamente. Actualmente se sabe que el 90% de las fibras del nervio auditivo son eferentes: parten del cerebro para ir hacia el exterior. Cuando usted recibe un sonido, el vibra en el oído interno y después en el oído externo. Es como si usted estuviera en una fortaleza: cuando llega un visitante, usted intenta saber quién es, después abre la puerta interior antes de bajar el puente levadizo. jEscuchamos lo que queremos escuchar! Obligando a las puertas a abrirse, ayudamos a tensar el tímpano, hacemos trabajar al músculo del estribo y así obligamos al oído a formarse.

P: ¿Se reeduca el oído como se reeduca un miembro que ha estado escayolado?

Dr.T: ¡Exactamente! El oído se reeduca en la función de la escucha. Para que el cerebro funcione, se necesitan cuatro horas y media de estimulación diaria, a razón de 3,5 millardos de estímulos por segundo. Así puede llegar a percibir todo lo que nos rodea. ¡No hay personas que tengan grandes ideas! Las ideas les son dadas. Eso es la intuición. Einstein dijo: "El genio, es una chispa una vez en la vida, y quince horas de trabajo diario". Mozart era, más que un genio, un gran escuchante. Pero el percibía todo lo que le rodeaba perfectamente.

P: A propósito de Mozart. ¿Según usted, su música es un instrumento de desarrollo/crecimiento personal, es decir de terapia?

Dr.T: La música es un instrumento extraordinario, que ha sido descuidada. Hemos probado toda clase de músicas y siempre volvemos a Mozart. Cuando se escucha Mozart con el Oído Electrónico, filtrando el sonido, el pulso aumenta inmediatamente a 120 pulsaciones por minuto. ¡Como él! Mozart mantuvo toda su vida un pulso rápido, un pulso de niño, sin duda por ello se agotó muy rápidamente, murió muy joven. Pero para gozar del beneficio de la música, es necesario tener un buen oído. Alguien que escuche a Mozart con un oído distorsionado sólo percibirá ruido. La musicoterapia, por ejemplo, nunca tiene en cuenta la facultad de integración del sujeto. No es suficiente con recibir sonidos, éstos tienen además que ser correctamente distribuidos por todo el cerebro. Tenemos un cerebro primitivo, el tálamo, que asegura la distribución de la información. Desgraciadamente, esta estructura es también receptora de nuestra vida afectiva. Si está sobrecargado, no puede realizar correctamente la distribución. El oído está en la encrucijada de multitud de universos. Me ha permitido entrar en numerosos ámbitos, desde la falta de escucha total, que corresponde a la psiquiatría, hasta el de las lenguas extranjeras.

P: ¿Es este el tema del segiundo libro que acaba de publicar?

Me he dado cuenta que al nacer todos los oídos son iguales, en cualquier rincón del mundo. Es el medio sonoro el que cambia. Las variaciones están ligadas al ambiente, a las condiciones climáticas, a la cualidad del aire. El oído se forma para recibir los sonidos correspondientes a su lengua materna. Si se le permite escuchar de manera diferente, el sujeto puede aprender cualquier lengua. Todos tenemos la posibilidad de integrar cualquier lengua, siempre que la escuchemos.

Dr.T: ¿Puede utilizarse su método como un sencillo instrumento de mejora del bienestar y del equilibrio?

P: ¡Sí! Cada vez recibimos más personas que no tienen problemas específicos y que, sencillamente, buscan conocerse mejor, progresar/evolucionar. ¡No es preciso tener un problema grave para aprender a escuchar!

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